SimplyNoRisk: Preferentes y disonancia cognoscitiva


Se dice que “justo es lo que me viene bien”. Este aserto es bastante cierto antropológicamente. El ser humano, como mecanismo de supervivencia, tiende a modificar su pensamiento para que se adecue a su necesidad, de igual forma que, una vez tomada una decisión, su cerebro se pone en funcionamiento para apoyarla y así evitar encontrarse en una perpetua duda. Sirva como ejemplo, la seguridad en los coches es el mejor argumento de ventas: “es algo más caro de lo que pensaba, pero tiene 5 estrellas NCAP y la vida no tiene precio”.
Probablemente, bastantes lectores se encuentren desafortunadamente envueltos en el asunto de las obligaciones preferentes. Es, por tanto, buena idea apoyar cualquier solución que ayude a salvar la situación de la mejor forma posible. Sin embargo (rogamos no apliquen la disonancia cognoscitiva aquí), nosotros pensamos que no se tenía que dar ningún tipo de solución política. El producto era cancerígeno, como ya avisamos en su día (hace años) en SimpleNoRisk, y en su comercialización se han visto manipulados desde los propios directores de sucursales hasta el último de los clientes.
Como se está viviendo últimamente en nuestra sociedad, ya nadie es responsable de sus actos. Nadie. Ante el más mínimo contratiempo, en un nanosegundo volcamos las culpas contra agentes externos: gobierno, bancos, los ricos…
Si nos hemos sentido engañados por el banco, debiéramos marcharnos y buscar alternativas eficientes, además de expresar nuestra opinión contraria en el mayor número posible de foros. Entiéndanme: la solución (que por otro lado nunca será completa, se habla de 1/3 de recuperación) no la tenemos que pagar los que no nos hemos vistos involucrados, porque el dinero público es de todos. ¿En base a qué decide el gobierno salvar unos productos y otros no (después del infame comportamiento judicial en el caso de Fórum y Afinsa)? ¿Por qué nos vamos a quedar sin líneas aéreas en un par de años debido a una mala venta para salvar la cara a Cajamadrid (nos quejamos del motivo, no de un resultado que pudiera venir de una libre competencia)? ¿Por qué nos van a rescatar como país por socializar unas pérdidas inmobiliarias que tenían que haber sido asumidas en su integridad por los participantes? ¿Por qué el Estado no hace más que meterse en nuestra vida a través de normas infinitas y difusas que prácticamente imposibilitan su cumplimiento o requieren de su albedrío?.