Antes hundir la flota que reparar el barco: todos contra el Banco Central Europeo


'Everything is subject to conditionality.There is nothing without conditionality.Conditionality is what gives credibility to these measures', Draghi

Indignación. El BCE nos ataca. Ahora, según algunos, es Draghi el culpable incuestionable del Plan E, de duplicar la deuda del Estado, de las diputaciones, cabildos y subvenciones, culpable de la regulación más enrevesada y multiplicada de la OCDE, de ser uno de los países donde cuesta más abrir una empresa y de los aeropuertos fantasma. Culpable, Draghi. Y Yoko Ono también, por no donarnos los derechos de autor de su difunto para financiar AVEs inútiles. Malvados.

Tras subirnos en el carro de “Draghi va a enchufar la maquina de imprimir, te lo juro, que me lo han dicho”, nos llevamos la sorpresa de que no. Que el umbral de deuda está al límite. .. ‘Aaaand it’s gone’ (Y se fue), como decía el episodio de South Park.

La deuda es una droga. Y como los drogadictos en los tristemente famosos supermercados de crack de Harlem, esperábamos ansiosos que el Banco Central Europeo nos sacara de nuestro agujero de deuda con más deuda para seguir gastando. Y sin presupuestos bianuales aprobados, acabáramos. Qué cosas pedimos. Y como a los drogadictos, aunque nos bajen los tipos a niveles indecentemente bajos, los efectos nos duran cada vez menos. ¡Qué malvado el Banco Central Europeo, que tras prestar 288.000 millones a nuestros bancos y bajar los tipos de interés al 0,75% no “hace más”! ¿Qué más quieren que haga? Una donación. Ah, no, de esas no hay.

El BCE no ayuda. Presta. No rescata. Presta. No regala. Presta.

Cuando la gente escucha que el BCE debe comprar deuda española debería saber que tiene contrapartidas muy onerosas. Y que no soluciona nada, como demuestran las compras de deuda anteriores, que no han bajado las primas de riesgo más que a muy corto plazo y lo único que han hecho es infectar el balance del BCE como los paquetes de deuda ‘subprime’ de 2007 sin atacar al problema de fondo, que es el gasto excesivo.


La deuda del BCE es equivalente al 30% del PIB de la eurozona. La de la FED y el Banco de Inglaterra, un 20% del PIB de sus países. Más madera. Los préstamos de la FED se devuelven. En Europa –donde va a parar- no se devuelve nada.

Total, ¿qué es más deuda entre ricos? Un BCE que está endeudado en una cantidad equivalente a casi tres veces el PIB de España, que tiene un casi un 40% de sus activos en deuda toxica –perdón, de dudoso cobro- bancaria, y que ha bajado los tipos de interés de nuevo. Pero no es suficiente.

¿Y quién contribuye a ese banco cuando todos piden? No me extraña que Finlandia y Holanda digan “yo no, amigos”.

Exigimos “más” a pesar de que España ha recibido el equivalente a dos planes Marshall en ayudas. Tras dos inyecciones de liquidez (LTROs) que han llevado a endeudar al BCE hasta en 3 billones de euros demandamos “más”. Expandir el balance lo llaman los técnicos, para no asustarles, pero es deuda empaquetada y escondida. Exigimos donaciones. Pues no.

Vivimos un mercado manipulado y cuanto más se interviene y más se manipula, menos duran los efectos placebo, porque los problemas reales no se resuelven, se esconden y, como en el pasado, el cartero llama dos veces y nos pillan con los deberes sin hacer. Un mercado manipulado a beneficio de los estados. Represión financiera, como ha demostrado el escandalo de Barclays con la manipulación del Libor, en cuanto llamaba Gordon Brown había que “bajar” los tipos. A propósito, cómo me gustaría ver en España resolverse un escándalo bancario con la contundencia y rapidez que se ha visto en Barclays.

Es curioso que se reclame más represión financiera. Porque eso es lo que demandan machaconamente cuando piden más inflación y monetizar deuda –sin decirles que el único objetivo final es que suban las bolsas y los activos de riesgo. Porque todo lo paga el contribuyente al final.
Como cuando le atracan a uno con una navaja, entregamos la cartera y el reloj encantados bajo la plegaria de “por favor, no me haga daño”. Pero el atracador vuelve. Imprimiendo dinero, generando inflación, aumentando impuestos, limitando la circulación de capital. Represión financiera. Y hace más daño.

Reclamamos nuestro derecho inalienable a que nos roben nuestros ahorros bajando tipos de interés y nos hundan nuestra capacidad financiera aumentando la inflación. Una inflación que nos dicen machaconamente que no existe. Nos dicen que esto es un desastre deflacionista y Krugman, sonriendo, le comenta a McCoy que “un poco de represión financiera no es mala”. Hay que ser c…
La inflación es un impuesto. Injusto y acumulado, creado para pagar deudas del despilfarro de los gobiernos.

Pero no, no hay riesgo de inflación, qué va. Eso sí, a cualquier persona que pague su cesta de la compra y sus facturas las cosas le cuestan cada día más mientras recibe cada día menos renta neta después de impuestos. Inflación “oficial”, 2%, incremento real del coste de la vida, 5%. Les recomiendo leereste informe sobre la inflación real en EEUU comparada con la oficial.


Pues no paguemos la deuda

Cada día lo leo más, y me pone los pelos de punta. Políticos, economistas y otros comentaristas llaman a “auditar” y considerar “ilegal” la deuda contraída por gobiernos estatales y regionales democráticamente elegidos y apoyados por la mayoría. Ilegal. Empezar otra vez.

Cuando lean “auditar”, “revisar deudas contraídas”, o la frase “los que han prestado deben cargar con parte de la responsabilidad”, que me parece muy bien, sean conscientes de lo que implica. Pongan en su cerebro la palabra “default” –impago-. Porque entonces no podrán quejarse de que la prima de riesgo está muy alta a 557 puntos básicos. Si lo que piden unos y otros es re-estructurar, entonces la prima de riesgo está bajísima, porque posibles gobernantes, responsables políticos y sesudos asesores están diciéndole al mercado y a sus financiadores que aquí hay riesgo, y muy alto, de que uno de ellos salga elegido y haga impago con tal de seguir gastando en otro AVE a Valdeluz. Por mucho que quieran llamarlo renegociación o restructuración, será impago.

El impago tiene efectos devastadores:

. Dejamos de ser un país con apoyo internacional. El coste de la deuda restante tras el impago se dispararía, como ha pasado en Grecia y otros países similares. Estamos hablando de financiarnos en el futuro al 9-9,5% mínimo, si lo hacemos.

. No reduce la necesidad de hacer enormes recortes, la acelera. España tiene un déficit primario –el déficit excluyendo el coste de la deuda- de casi el 7%. Financiarlo nos costaría mucho más, como he dicho antes, pero haría imposible mantener dicho déficit estructural. Con lo cual los recortes serian muy severos.

. El apagón de crédito sería enorme. Olvídense de préstamos a la economía real. Tendríamos un cierre del grifo mucho mayor al actual que devastaría el crecimiento y el empleo, pero como el Gobierno seguiría gastando por encima de sus ingresos, el efecto acaparador del Estado sobre el crédito (“crowding out”) aumentaría.

. Las empresas privadas sufrirían en cadena. Las necesidades de refinanciación de las empresas españolas no financieras se concentran en el año 2014, y a muchas les sería imposible conseguir financiación en el mercado, lo que les llevaría a recortes de costes, de plantillas y re-estructuraciones masivas. 


Una de las frases mas importantes que dijo Draghi en su conferencia del jueves fue: “¿y si todos los países necesitan ayuda?” El BCE no puede rescatar a los grandes países de la eurozona. ¿Con qué dinero? Estamos hablando de infectar el balance del BCE en 500.000 millones anuales si hay que ayudar a España, Italia y a los que han pedido rescates –el último puede ser Eslovenia-. Y no se puede comprar deuda sin haber llevado a cabo las reformas que eviten que esto vuelva a ocurrir en 2014, porque vencen casi 800.000 millones de deuda soberana europea anuales en los próximos tres años.

Tenemos que solucionar nuestros problemas ya. Para eso hay apoyo y financiación de sobra. Recortar gastos y volver a la competitividad. No hay donaciones ni salidas rápidas a un problema de muchos años. Convertir al BCE en el motel de las cucarachas, donde la basura que entra no sale, nos costaría mucho más a todos, empresas, ciudadanos y Estado, que hacer lo que deberíamos haber hecho hace años. Adecuar nuestros gastos a nuestros ingresos. Lo que hace todo el mundo menos el Estado.