Motivos ocultos y efectos inesperados (III): Las rentas de más de 100.000 euros anuales se quedan sin sanidad

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha elaborado un borrador del proyecto de Real Decreto, por el que se regulan los requisitos del asegurado del Sistemas Nacional de Salud, donde se fija en cien mil euros de renta el límite para obtener asistencia sanitaria en España con cargo a fondos públicos. 


Esto se convierte en la enésima medida errónea en materia de sanidad que pretende perpetrar el gobierno a base de decretazo, y está provocado por un modo de legislar un tanto perezoso. Son vagos, y prefieren añadir cláusulas a la legislación actual sin tomar la legislación actual por los cuernos, que es donde reside el problema, y redactar una. La legislación nueva no debería intentar solucionar los problemas actuales, sino evitar que en el futuro se den unos nuevos. Ya hemos hablado en otro artículo de Motivos ocultos y efectos inesperados que cualquier tipo de medida ad hoc no solo no soluciona los problemas que pretendía reparar, sino que genera dos o tres nuevos.

El borrador de proyecto excluye, además de a los 'sin papeles', a aquellos que superen los 100 mil euros, teniendo en cuenta la totalidad de los rendimientos del trabajo, del capital, de actividades económicas y ganancias patrimoniales sujetos a gravamen. 

Introduzcámonos en las entrañas de este borrador 

1.- Se está quitando la sanidad pública a gente que por derecho debe tenerla. 

2.- Como no se menciona nada sobre si se les eximirá del pago de la parte que les corresponde a través del IRPF destinado a la Seguridad Social, y dado que quieren recaudar dinero a toda costa, entendemos que se les hará pagar por un servicio que no podrán utilizar. 

3.- Que con los impuestos que tributa una persona que supera los cien mil euros en las condiciones que establecen (que son doblemente proporcionales) no sólo se paga su sanidad, sino la sanidad de otros que no pueden permitírsela. 

4.- Que por regla general, cualquier persona que se encuentra en ese rango salarial o patrimonial, disponen de medios suficientes para hacer las maletas e irse del país. Y que, además, dados otros recovecos que favorecen la trampa, acabarán disponiendo de los servicios de la Seguridad Social, tributarán menos, y ello supondrá una parte proporcional inferior para mantener a los que no se lo puedan costear. 

5.- Que una vez fuera del país, estar asegurado en España cuesta unos 90 euros al mes. Un precio justo para el que lo contrata pero que no será suficiente para mantener la sanidad del que se queda. 

Soluciones

1.- En relación al turismo sanitario, bastaría con establecer unos márgenes que bien pueden baremarse midiendo el tiempo que ha pasado el paciente en España. Por ejemplo, si una persona tiene que operarse en España y lleva menos de dos años, que salga de su bolsillo (o si existen convenios internacionales, que ajusten cuentas entre el país de origen del paciente y la sanidad de España). 

2.- Ya sabemos de donde hay que cortar. No quiero redundar en cifras de despilfarro, que me pongo malo y no se si en el día de mañana la S.S. cubrirá mis trastornos mentales. 

Problemas futuros 

1.- Para el extranjero, la sanidad es el primer factor a tener en cuenta a la hora de retirarse y pasar los últimos años de vida en España. Por norma general son gente mayor, cuyos hijos son mayores de edad y no necesitan colegios ni guarderías, que deciden ir a urbanizaciones fantasma del levante español sin demasiada dotación e infraestructuras, y que son un target obvio para encasquetar las viviendas producidas durante los años de auge y que ahora son una carga para los bancos. 

2.- Para el español, la sanidad es un orgullo. Basta salir a algún país europeo vecino y ver cómo funcionan sus servicios. Tenemos muy buena infraestructura y buen personal sanitario. Con la sanidad pasa un poco lo mismo que con un coche que no se usa, y es que cuando se quiere activar, le empiezan a fallar cosas. Si comenzamos a cerrar plantas de hospitales o a paralizar I+D, nos costará mucho recuperar el puesto privilegiado en que nos hemos situado la última década.