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Si en Europa hubiera un líder en condiciones, habría convertido la frase anterior en su “slogan” de campaña. Y de gobierno. Sería el equivalente al “Yes, we can” de Obama. Y en ambos casos es verdad. Norteamérica puede salir adelante y Europa puede combinar austeridad con crecimiento. Pero seguimos sin tener políticos que entiendan de economía o de mercados.

Empecemos por el señor Van Rompuy, que es el presidente –permanente, ojo– del Consejo Europeo, ni más ni menos, y dice, refiriéndose a los mercados, que es esquizofrénico pedir a la vez crecimiento y austeridad. Dios nos coja confesados: el presidente del Consejo Europeo no entiende que se puede recortar en aquellas partidas que solo generan gastos y, en cambio, no recortar o incluso ampliar aquellas que generan crecimiento. El ejemplo más claro es el español: se puede, por ejemplo, recortar en duplicidades administrativas, bien centralizando más la administración (propuesta de Doña Esperanza Aguirre), bien haciendo justo lo contrario (que entiendo es la filosofía de los partidos nacionalistas), en lugar de recortar el presupuesto del Ministerio de Fomento. Como economista me valen ambas formas de eliminar duplicidades, si nos ayudan a salir del agujero y no tocan la capacidad de crecimiento de nuestra economía. En ambos casos, hablamos de un ahorro cercano a los 40.000 millones de euros. ¿Se imagina, Sr. Van Rompuy, la de puentes, depuradoras, desaladoras, arreglos de carreteras y, en definitiva, el crecimiento y el empleo que se puede generar con esas inversiones? Ese ahorro en gastos administrativos duplicados permitiría no bajar, e incluso incrementar, el presupuesto de un ministerio básico para el crecimiento como es Fomento. Y las desaladoras, los puentes, o el mantenimiento de carreras tienen una utilidad futura. Y no es la chapuza del plan E, porque, además, este mantenimiento del presupuesto de obras públicas iría acompañado de ahorro en otras partidas, cosa que no se hizo cuando se implementó el plan E.

Quien no tiene utilidad futura alguna son los 50.000 millones de euros que van a ir a parar a cajas disfrazadas de bancos, los “bancocajas” que, además, acabarán cerrando y ese dinero serán subvenciones a fondo perdido. Ya van unos 20.000 millones vía FROB, más los 5.000 que se han puesto para el tema de la CAM –vía Fondo de Garantía de Depósitos–, y la mayoría de los analistas consideran que se llegará a 50.000 millones, según vayan complicándose las cosas y/o el Estado tenga que “engrasar” fusiones. Pues señores, si paramos ahora mismo esa locura de mantener vivos “bancocajas” zombis tendríamos otros 25.000 millones que podrían ir a, por ejemplo, I+D. Porque, señor Van Rompuy, la I+D genera crecimiento.

¿Y qué me dicen del inmenso patrimonio inmobiliario del Estado? Edificios y solares en las mejores zonas de las ciudades, que por supuesto podrían venderse razonablemente bien porque son activos de calidad. ¿Y los que están en alquiler en pleno centro de la ciudad, que podrían llevarse a las afueras? Según una conocida consultora inmobiliaria, una reorganización del patrimonio y la gestión inmobiliaria de la Administración reportaría unos ingresos/ahorros superiores a los 30.000 millones de euros. ¡Pues ahorren en eso, señores políticos! Vendan esos pedazo de palacetes (Instituto Nacional de La Juventud, palacete junto a la plaza de Colón, en Madrid) y esos solares (por ejemplo, en el Paseo de la Habana, del Ministerio de Defensa) en pleno centro de la ciudad y dediquen ese dinero a no subir impuestos –o incluso bajárselos– a empresarios y trabajadores, que los impuestos no sirven precisamente para motivar a esos emprendedores con los que a todos los políticos se les llena la boca pero a la hora de la verdad nadie apoya.

Hay muchos más ahorros que no dañan el crecimiento y que pueden ayudar a crecer. Pero hace falta valentía políticaSr. Rompuy. En nuestro caso, pues es el que conozco bien, valentía para poner en la calle a un montón de políticos que pueblan administraciones duplicadas, para vender oficinas de lujo con el consiguiente mosqueo de los funcionarios que trabajan en esos sitios privilegiados (que en lugar de ir a trabajar frente al Bernabéu tendrán que ir todas las mañanas a Tres Cantos). Valentía para aceptar que si a quien más lucha y trabaja le subes los impuestos le estás desmotivando. Valentía para explicarlo, para explicarle al pueblo que es mejor motivar al malvado empresario o al ejecutivo de alto sueldo, porque es como pagar bien a Messi o a Ronaldo, que así meten más goles y se la juegan más frente a los defensas ¿o le bajaría usted el sueldo a Ronaldo, Sr. Rajoy? Pues eso acaba de hacer subiendo los impuestos. Asumir y explicar que premiar a los mejores es bueno para la economía de un país como lo es para los equipos de fútbol. O valentía para algo que, si bien es más simbólico, no deja de ser un ahorro de cierto nivel y, sobre todo, es un deber moral: cerrar el Senado y reducir la subida de impuestos con lo ahorrado. El Senado, con sus senadores, sus secretarias, sus coches oficiales, sus escoltas, etc., etc., es un ejemplo de algo que cuesta una pasta al Estado pero no sirve para nada. ¿Y por qué sigue ahí? Porque si se cierra habría que poner en la calle a un montón de “compañeros”, igual que si se cierra un “bancocaja”.

Sr. Van Rompuy: que usted no sepa cómo hacerlo no significa que no se pueda. Y no lo olvide: esos mercados tan esquizofrénicos no se meten con quien no les debe dinero a mansalva o “dice Diego donde antes dijo digo” (Rajoy, Hollande, ...). O con quien debe dinero pero tiene credibilidad, tanto en que va a pagar como en que llevará a cabo sus planes de reducción de déficit, pese a que a corto plazo bajen el impuesto de sociedades o hagan obras públicas (caso de los EE.UU., cuyos bonos no han dejado de subir en los últimos años). Sr. Van Rompuy: el problema no son los mercados. El problema tampoco es que no se pueda combinar crecimiento con eficiencia en la gestión administrativa del Estado. El problema, Sr. Van Rompuy, son ustedes.